La forma correcta de cubrir hackeos y filtraciones antes de las elecciones


Las organizaciones de noticias deben reconocer que en semejantes maniobras son el propósito de una operación activa de repercusión de la información, así sea por un contrincante extranjero o bien un oponente de campaña. Eso requiere tratar las operaciones desfavorables de pirateo y fuga, o bien, lo que es del mismo modo esencial, la posibilidad de una operación contrincante de pirateo y fuga, como algo único y diferente de un denunciante «normal» como Edward Snowden o bien Reality Winner.

Lo que podríamos aguardar este otoño

El inconveniente más alarmante al enfrentar las operaciones de piratería y filtración en dos mil veinte es el reto singular de Donald Trump, un presidente con una inclinación única a ignorar las reglas democráticas, propagar nociones conspirativas inmotivadas y promover preguntas sobre la legitimidad de las elecciones. La patraña rutinaria de Trump y el estímulo a la ayuda extranjera quiere decir que, en vez de eludir o bien condenar semejantes operaciones, semeja inclinado de forma única a admitir de todo corazón la filtración de documentos robados.

Todo lo que hemos visto en los últimos 5 años sobre el comportamiento de Trump debería advertirnos que admitiría la ayuda de contrincantes extranjeros y la transformaría en su beneficio político. Ha dicho tanto, como lo prueban sus acciones en Ucrania, que llevaron a su juicio político en el mes de enero, supuestamente hace un millón de ciclos de noticias y crisis, y sus llamados a China y otros a fin de que difundan información que pueda dañar al contrincante Joe Biden. De forma afín, la patentiza reciente muestra que el fiscal general Bill Barr y el secretario de estado Mike Pompeo semejan estar prestos a emplear sus oficinas para fomentar los intereses de la campaña de Trump. Juntos, estos comportamientos representan un terreno fértil y peligroso a fin de que se arraigue una operación de pirateo y fuga.

Un escenario que semeja obstruir las mejores pretensiones posibles de los medios es de qué forma una operación de pirateo y fuga podría chocar con los instintos naturales de Donald Trump para inspirar efectos políticos de segundo y tercer orden que serían imposibles de ignorar. Trump, por poner un ejemplo, podría transformar en un arma y dar oxígeno aun a una filtración mundana y frágil para minar la verosimilitud de la campaña de Biden o bien proponer preguntas sobre la legitimidad de las elecciones, distrayendo y nublando la carrera presidencial con las más vagas acusaciones de mala conducta.

Entonces, ¿de qué forma deberían los medios eludir que sus páginas y programas se transformen en armas? ¿De qué manera podemos aprovechar la conciencia para hacer un mejor trabajo al decir «Lector de advertencia»? que el lector tenga cuidado?

Este verano en el Instituto Aspen, Vivian Schiller y diseñamos y efectuamos un ejercicio de mesa orientado a una operación de piratería y filtración en desarrollo programada para el segundo discute presidencial en el mes de octubre.

Imaginamos de qué forma los medios podrían contestar a un sitio anónimo al estilo «DCLeaks» que aparece y aparentemente contiene un documento interno robado de Burisma, la compañía de energía ucraniana que estuvo en el centro de la investigación de juicio político. No se precisaría mucho esmero para una operación de esta clase para descubrir ciertos documentos manipulados clave, que semejan aducir que quizás no sabemos toda la verdad sobre el papel de Hunter Biden en la compañía. En los días venideros, los cronistas compiten cruelmente, compitiendo para confirmar la autenticidad de los documentos y, en parcialmente poquitos días, determinar que los documentos más condenatorios son falsos, que no hay patentiza específica de irregularidades por la parte de los Biden, solo ciertos de Sony. chismes corporativos internos al estilo de Burisma, ciertos registros financieros y PowerPoint de estrategia.

Mientras tanto, no obstante, la pura existencia de la filtración rebota mediante la burbuja mediática de derecha; se especula sobre Fox y amigos, OAN, y elevado on line por los sitios de fanes de Trump. El presidente, que el día de hoy en la vida real pasó el aniversario de las filtraciones de Podesta tuiteando incesantemente sobre algún escándalo inventado sobre el «Obamagate», empieza a amplificar las aseveraciones como patentiza de que Joe Biden es corrupto. Solicita al FBI que investigue. Tuitea algo irresponsable y no probado, como «¿Es Joe Biden el mayor delincuente de todos y cada uno de los tiempos?» Sus seguidores rompen en «¡Enciérrenlo!» cantos en mítines. Antes que la autenticidad de los documentos sea aun refutada por los reporteros, «altos funcionarios del Departamento de Justicia» filtran que se ha reunido a un enorme jurado para investigar a la familia Biden, y el secretario de Estado Mike Pompeo y el directivo de inteligencia nacional John Ratcliffe anuncian que son viajar a Ucrania para descubrir la verdad. La campaña de Biden contraataca, diciendo que la campaña de Trump está actuando como un peón de Rusia, armando al gobierno de U.S.A. para la reelección del presidente. En ese instante, aun si las organizaciones de noticias responsables deciden que los documentos latentes son falsificaciones, la historia se ha transformado de una «operación de información» a una polémica política probablemente auténtica.

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