Reconstruir la política tecnológica global rota de Trump no será fácil


Asistentes del presidente electo Joe Biden y la vicepresidenta escogida Kamala Harris ya han empezado a trabajar en una transición presidencial, aun si la administración Trump solo procura obstruir ese proceso. Saliendo de 4 años de caos y desorden, de funcionarios elegidos y designados que desgastan las reglas y también instituciones democráticas, de una Casa Blanca que ha dañado y abdicado enormemente el liderazgo estadounidense en el escenario mundial, existen incontables prioridades de política interna y externa. Quizá lo primero y más esencial sea supervisar la pandemia de Covid-diecinueve. Dado a que los temas digitales componen una pura fracción del panorama general (si bien entretejidos), asimismo deben comprenderse en este contexto.

Atrás quedaron los días en que la política tecnológica podía considerarse un nicho y separarse de la política. Cualquier revitalización del liderazgo estadounidense en política tecnológica va a existir en un planeta de populismo y democracia débil, de gigantes tecnológicos estadounidenses no regulados, de países déspotas que manejan tecnologías que alguna vez fueron ovacionadas como propagandistas de la libertad para fomentar sus fines represivos. Por consiguiente, la política tecnológica de la administración Biden debe fundamentarse en coaliciones en el extranjero, mas asimismo en una base de regulación tecnológica en el país.

Donald Trump ha ocasionado un daño profundo al sistema de coaliciones de Estados Unidos; si bien muy conocido, es bastante difícil exagerar. El presidente, ahora patético, parecía ver las coaliciones globales ni tan siquiera como un medio para un fin, sino más bien como inútiles por completo, duplicando de manera continua su comportamiento de «U.S.A. primero» pese a las señales de que fue horriblemente recibido y ocasionando un daño grave. (La salvedad, como es lógico, son las relaciones que consideraba personalmente ventajosas). Un alto diplomático europeo afirmó últimamente a Reuters: «La relación transatlántica jamás ha sido tan mala». Agregaron: «Se puede arreglar, mas … no estoy convencido de que sea igual».

Los descalabros en la capacitación de alianzas se mostraron de forma señalada durante la campaña de Washington contra la compañía china de telecomunicaciones Huawei. La aseveración (adecuada) era que el suministro de infraestructura 5G por la parte de Huawei plantea peligros de ciberseguridad, mas la ejecución de la administración traicionó esta idea, en tanto que el propio Trump ofreció que podría interferir con el enjuiciamiento de un ejecutivo de Huawei a cambio de concesiones comerciales de Pekín. La seguridad nacional no era más que un peón personal y político. La política comercial y la seguridad nacional asimismo se diluyen poco a poco más.

Combinado con la destrucción de coaliciones por la parte de la administración por lo general, los funcionarios de la Casa Blanca prosiguieron siendo completamente inútiles de persuadir a los aliados y asociados de siempre, muchos de los que compartían preocupaciones sobre la seguridad de los equipos de Huawei, de proseguirse el ejemplo de U.S.A. de prohibir los equipos de Huawei de las redes 5G. Desde el R. Unido y Francia hasta Canadá, India y Corea del S., otros países expresaron una notable inquina a proseguirse las prescripciones estadounidenses. Los diplomáticos pueden haberlo intentado, mas los poderes políticos les arrancaron la alfombra debajo de ellos. Todo esto sin siquiera procurar emplear mal una palabra como «estrategia» para describir un proceso que no tenía ninguna estrategia real. A fines de dos mil diecinueve, por poner un ejemplo, asistí a una charla con un consultor primordial de la administración Trump en temas de inteligencia. Cuando se le preguntó sobre el final de Huawei, está bien, entonces el gobierno de EE. UU. Persuade a otros a fin de que prohíban los equipos de Huawei y los tanques 5G de Huawei; ¿Entonces qué? El individuo se encogió de hombros. Realmente, cuando ese enfoque no funcionó, la administración Trump empezó a conminar a los aliados. Demasiado para meditar en el futuro con dificultad.

Esta es exactamente la razón por la cual la administración entrante de Biden, que destacó el multilateralismo durante la campaña, asimismo debe fundamentar su política tecnológica global en las coaliciones. Las relaciones con los aliados en la Unión Europea y en Asia, por poner un ejemplo, son esenciales para la capacitación de alianzas en cuestiones tecnológicas como la gobernanza de datos. Los legisladores estadounidenses no deben hacerse ilusiones de que U.S.A. hallará súbitamente una simetría total con países como Estados miembros de la Unión Europea en lo relativo a la privacidad de los datos, por poner un ejemplo, mas una política tecnológica global renovada de U.S.A. todavía debe fundamentarse en un diálogo productivo, en una diplomacia real, en la restauración y restauración asociaciones internacionales.

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